Filosofía de vida

Valores que guían cada decisión
Creo profundamente en el poder del esfuerzo diario. Desde joven entendí que no hay atajo que reemplace al trabajo honesto ni camino fácil que valga más que el que se recorre con convicción. Cada reto —ya sea técnico, humano o político— lo asumo con compromiso y responsabilidad.
Mi experiencia me ha enseñado que los verdaderos cambios no comienzan en los escritorios, sino en el campo, con la gente. Por eso, prefiero escuchar antes que imponer, construir antes que criticar, y actuar antes que prometer.
Liderar con el ejemplo
Dirigir personas no es solo asignar tareas: es inspirarlas, cuidarlas y hacerlas crecer. Mi estilo de liderazgo nace de la empatía, del orden y del ejemplo diario. Me siento más cómodo caminando al lado de mi equipo que dando órdenes desde lejos.
Durante más de tres décadas en la industria energética, he demostrado que con planificación, técnica y humanidad, los resultados llegan. Pero lo más importante: se sostienen..


Visión con propósito
No creo en gestiones improvisadas. Creo en la planificación estratégica, en la innovación aplicada con sentido, y en formar equipos sólidos que puedan sostener grandes obras con pocos recursos y mucha voluntad.
Creo en una Moquegua que no solo mire hacia el crecimiento económico, sino también hacia el desarrollo humano. Porque no basta con hacer obras; hay que dejar huellas.
Integridad como base
Para mí, no hay camino posible sin integridad. Servir es un honor, no una oportunidad. Y gobernar debe ser sinónimo de cuidar lo público, como quien cuida lo más propio.
La política no debe ser una vitrina personal, sino una herramienta para mejorar la vida de las personas. Por eso estoy aquí: para demostrar que se puede hacer las cosas bien, sin malversar los fondos, sin improvisar y sin traicionar la confianza del pueblo.

